Blog de Chitio Rendón

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¿Incondicionalmente?

Los que han leido mi blog o me han seguido en Twitter saben cuales cosas me gustan y apasionan, pero hoy voy a confesarles algo que realmente no me hace sentir cómodo.

Desde que tengo memoria mi familia ha tenido excelente amistad con pastores y ministros de muchos países, por lo que es muy común que muchos de estos amigos sean huéspedes en nuestra casa. Esto no lo hacemos dos o tres veces al años, sucede por lo menos dos veces al mes (y a veces pasan cosas chistosas). Lo interesante es que en el 90% de los casos la habitación que mi familia cede para que los huéspedes se acomoden es la mía, por lo que me he vuelto un frecuente visitante nocturno de los sillones de mi casa.

Y aquí la confesión: esto jamás me había molestado, de hecho yo aseguraba que después de tantos años de prestar mi habitación ya estaba “acostumbrado” a ese “ritmo”. Pero la verdad es otra: ¡no me gusta hacerlo! No se si es porque amo mi cama, porque se me sale lo egoista animal o porque ya me cansé del sillón… la cuestión es que no me gusta.

Precisamente esta semana sucedió lo inevitable. Una noche cuando llegué a mi casa después de un arduo día de trabajo descubrí que mi habitación estaba ocupada con un huésped. Como era de esperarlo me molesté. Platiqué con mi mamá y le expresé mi inconformidad, con argumentos muy buenos y válidos, pero ella sabiamente me respondió: “quiero que seas un buen hospedador”. ¿Y que creen? Pues no me gustó su repuesta.

Sin embargo, después de reflexionar y platicarlo con Dios concluí que el de la actitud equivocada era nada más y nada menos que yo. Hebreos 13: 2 dice: No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. Aunque no me guste, esto es muy cierto: Cada vez que permito que alguien se hospede en mi habitación no solo estoy sirviendo a la persona sino también a Dios.

Y aquí viene lo bueno:

El primer argumento que mi linda mente levantó al pensar en lo anterior fue: Yo ya sirvo a Dios desde hace mucho tiempo, no necesito ceder mi habitación para seguir haciéndolo. Pero aquí está la cuestión… ¿Le sirvo a Dios de la manera que yo quiero o de la manera que Él quiere?  Muchas veces queremos servir a Dios a nuestro estilo, a nuestro tiempo, con la gente que nosotros queremos y en las áreas donde nos sentimos cómodos. Pero, ¿será que es allí donde Dios quiere que sirvamos? Muchas veces hacer lo correcto no es agradable o cómodo. Me pasa en mi hotel-casa. Aunque es algo que no me gusta sé que es lo correcto. Sé que es la manera como Dios quiere que le sirva. Y lo más bonito es que se que Dios lo recompensará.

Amigos y amigas: ¡Sirvamos a Dios de la manera que Él quiere, aunque no nos sintamos cómodos! No es cuestión de cuan “conformes” estemos nosotros sino de cuan conforme esté Dios. Eso es servirle a Dios incondicionalmente y con contrato en blanco, aunque tengamos los argumentos y excusas perfectas. Aprendamos a escuchar y seguir la voluntad de Dios y no pongamos excusas, si un día le dijimos a Dios que le serviríamos “con el alma y corazón” pues cumplamos con nuestra palabra.  Es muy fácil hacer las cosas correctas cuando nos gusta hacerlo, pero demostramos un verdadero compromiso cuando hacemos lo bueno aunque no nos agrade. ¡Ánimo!

PD: Pastores, ministros o algún miembro de sus respectivas familias que está leyendo esto: les doy gracias por hospedarse en mi habitación… ¡aportan a mi formación como mejor hijo y siervo de Dios! Mi casa es su casa, mi habitación es su habitación. Gracias porque sin saberlo están sembrando en mi vida, aunque a la belleza de mi persona no le guste 🙂